19 de noviembre de 2010

Sobre la política editorial del DLA


Artículo escrito a propósito del "Aló, Presidente" del pasado 14 de Noviembre en el cual se calificó al Diario de Los Andes (DLA) como el periódico de la burguesía trujillana. Nos guía el interés de dejar al descubierto, con hechos, las falsas apreciaciones que genera la polarización.

Cuando aterricé en Valera con mi título de licenciada en comunicación social casi de estreno, en 1986, lo primero que me sorprendió fue la vocería de un colectivo que empezaba a hacer sentir sus demandas de transformación social, agobiado por las políticas de uno de los gobiernos más nefastos que haya tenido el país.

La llamada ciudad de las Siete Colinas era entonces un laboratorio de pujante organización comunitaria necesitada de espacios de interacción, articulación, proyección y reconocimiento social y el periódico en el que llegaba a trabajar, el Diario de Los Andes (DLA), para sorpresa de quien había sido advertida de las funestas prácticas hegemónicas impuestas por los editores, entendía la atención a este descontento como un asunto de responsabilidad social.

Es así como, gracias al apoyo del Centro de Animación Juvenil, de la Federación de Centros Culturales, coordinada por Alfredo Matheus, y de grupos y personas vinculadas a diversas organizaciones, emprendimos un proyecto que, a la postre, y lo digo con 20 años carrera académica a cuestas, significó algo cardinal en mi formación profesional.

Hablo de Construyamos Juntos, una publicación quincenal de cuatro páginas y personalidad propia, donde se recogían las múltiples y variadas vivencias de los sectores populares que, de manera organizada, trabajaban para superarse a sí mismos y conseguir -gracias a su propio esfuerzo- mejores condiciones de vida para ellos mismos y sus comunidades.

El titular de su primera edición aún resulta inolvidable: Una sola golondrina no llama agua, sabias palabras de una vecina que resumía con ellas la necesidad de dejar de lado el individualismo para actuar de manera organizada. Recuerdo que a esa reunión, en un barrio acosado por los problemas, llegué con una “agenda informativa” que buscaba detectar y poner de relieve las carencias de “la gente”; ésta, sin embargo, se vio trastocada por la pauta que esa noche, durante la celebración de una misa comunitaria, me impusieron los vecinos: hablar de sus logros y de sus proyectos.

Durante varios meses fueron muchos los sectores populares que trajiné y diversas las iniciativas de las que di cuenta. Pero habiendo masticado las teorías de la comunicación alternativa, la idea que nos animaba no era “cubrir la fuente comunitaria”, sino propiciar la valoración de la dimensión comunicativa en el trabajo de organización popular, a través de la elaboración de un periódico hecho por las organizaciones y líderes comunitarios. Sin intermediarios.

Lo que planteábamos era que los “receptores” se convirtieran en “emisores” y que las comunidades populares se involucraran con el periódico, no como espectadoras, sino como protagonistas. De allí que el propósito inicial de una periodista -en solitario- se transformara en el proyecto de un equipo al que se sumaron Zonia Delgado, actual directora de la Escuela Fe y Alegría; el ex coordinador de la Misión Ribas, Pedro Rivero; el profesor Antonio Perdomo, miembro de la Asamblea del Centro de Animación Juvenil, entre otros -entonces- jóvenes emprendedores.

El suplemento, posteriormente coordinado por Zonia Delgado, alcanzó las 200 ediciones y dio origen a la fundación de la Escuela de Comunicadores Populares “Mario Kaplún”, de la que a su vez surgieron publicaciones como El Gañán, en Carache; El Convite, en Mérida; y Retruque, en Maracaibo, entre las que recuerdo.

Por esta experiencia de comunicación comunitaria recibí las dos únicas distinciones que -debo confesar- me han otorgado como periodista: el premio Pedro Malavé Coll, que concede anualmente el DLA al redactor más destacado, y una mención especial del Premio Latinoamericano de Periodismo “José Martí”, auspiciado por la agencia informativa cubana Prensa Latina, cuyo jurado estuvo presidido por el ilustre profesor Héctor Mujica.

Esta experiencia, reeditada por la Red de Reporteros Populares, que anima la Escuela de Liderazgo y Valores bajo la tutela de Roberth Ramírez; y por la Red de Reporteros Juveniles, en alianza con el Centro de Animación Juvenil y la Universidad Valle del Momboy, es un caso atípico. Hasta donde sepamos, en el país no han existido -ni existen- iniciativas como estas, en las que el pueblo organizado consiga un espacio para escribir su propio periódico dentro del periódico, no sólo con el respeto, sino con el respaldo absoluto de su editor.

Hoy nos parece necesario recordarlo pues expone, como ningún otro hecho, lo que ha sido la política editorial del DLA. Sin duda alguna, una de apertura, de escucha. Hoy, cuando todo el sistema de medios, privados, públicos y comunitarios, se encuentra bajo el escrutinio ciudadano, una revisión de estas experiencias puede ayudarnos a avizorar los esfuerzos hechos, y por hacer, a favor de una verdadera democracia informativa.

6 comentarios:

Margarita Arribas dijo...

No soy trujillana y no pretendo declararme experta en los medios de la región, pero lo que sí puedo decir es que pocos periódicos de los llamados "tradicionales" he visto abiertos a las experiencias comunitarias como el DLA, y además desde hace muchos años, cuando ese adjetivo ni siquiera estaba "bien visto" ni mucho menos era promovido desde el poder central. Bueno es recordarlo hoy, como lo haces en este artículo, para que la versión que ahora se repite machaconamente en radios y televisoras no borre de un plumazo las experiencias que conforman una historia seguramente con fallos, pero en definitiva digna.

Raisa Urribarrí dijo...

Gracias por el comentario, Margarita. Quizá eso que tú, como periodista, docente e investigadora acertadamente notas, es lo que merece ser resaltado. Hablo de una experiencia de mediados de los años ´80, cuando "hacer" lo que hoy se conoce como responsabilidad social no estaba "de moda" en los sectores empresariales, ni -mucho menos- había instancias del Estado que auspiciaran propuestas de comunicación comunitaria. El DLA lo hizo y lo sigue haciendo. Como le he escuchado decir a su editor: no se hace responsabiidad social, se es socialmente responsable. Sin duda que es una postura digna y ejemplar.

María Alejandra Briceño La Corte dijo...

Raisa gracias, a veces olvidamos cosas que por sencillas parecen poco valiosas, cuando en realidad son profundamente poderosas, para mi la experiencia del DLA en el tema de RSE ha sido una escuela desde el 2004 a la fecha. Hacía responsabilidad social, pero hoy soy socialmente responsable gracias a la interacción con esa Empresa-Escuela y con la Comunidad-Escuela de Liderazgo y Valores. Cabemos todos, todos somos necesarios. La dignidad humana y el respeto ante todo.
MAB

Raisa Urribarrí dijo...

Gracias a ti, María Alejandra, por leer y comentar. Qué bien lo has dicho: empresa escuela. Una vez lo escribí, en ocasión de un aniversario del Diario: fue la escuela donde a aprendí a oír porque fui escuchada con respeto a mi dignidad de persona, de periodista con crietrio propio. No es poco. Cariños.

Francisco dijo...

El Diario de los Andes es una experiencia vital para Trujillo en muchos aspectos, uno de los más resaltantes es su compromiso con darle espacios a las luchas comunitarias y en particular a sus experiencias de comunicación. El DLA es parte del Trujillo noble y bueno, honesto y combativo. Muy buena tu síntesis sobre esa experiencia de Construyamos Juntos. Felicitaciones.

Francisco Gonzalez Cruz

Raisa Urribarrí dijo...

Gracias, Francisco. Siempre he dicho que la vida me dio un regalo grande al hacerme aterrizar aquí, recién egresada de la universidad, a hacer de una vez mi postgrado. Eso fue el DLA para mí esos primeros tres años. Un máster en "periodismo alternativo empresarial". Pura innovación :-)