22 de marzo de 2010

Internet: más acceso ¿más libertad?

En la última edición del programa dominical “Aló Presidente”, el Jefe del Estado anunció el relanzamiento del programa Infocentros, el cual nació en septiembre del año 2000 para dar cumplimiento a las disposiciones del decreto 825, del mes de mayo de ese mismo año, que establece, en su artículo primero, el acceso y el uso de Internet como política prioritaria para el desarrollo cultural, económico, social y político de la República Bolivariana de Venezuela.

Sin pasar a juzgar las motivaciones de esta decisión, que algunos atribuyen a tratar de despejar los temores y críticas que generaran sus declaraciones anteriores: “Internet no puede ser una cosa libre”, para quienes nos dedicamos a investigar en esta área constituye un hecho no sólo relevante, sino beneficioso, el que haya sido el mismo Presidente de la República quien haya puesto el tema de Internet en el tope de la agenda pública.

Para bien o para mal, cuando el Jefe del Estado llama a sus seguidores a suscribirse y a activar en plataformas como Twitter está llamando la atención sobre la existencia de un nuevo recurso - y a la vez espacio de interlocución pública y privada- que no puede estar reservado, como hasta ahora, para un 30 por ciento de los ciudadanos como destacamos quienes formamos parte de la iniciativa Todos en Red.


Si bien las cifras que el mismo Presidente se encargó de resaltar resultan auspiciosas, y pueden atribuirse en parte a valiosas iniciativas gubernamentales, no es menos cierto que aún estamos lejos de superar la brecha digital. Recordemos que este divisorio es consecuencia de una fisura social real, pero, al mismo tiempo, contribuye con su aceleración y ampliación en el contexto de una sociedad informacional o de la información.

En ese sentido, hay que llamar la atención sobre un punto capital. Y es que en nuestro país existe un cuerpo de leyes y decretos que
reconocen -como dispone la Carta Magna en su artículo 110- el interés público de los servicios de información por ser instrumentos fundamentales para el desarrollo económico, social y político del país. Entre ellos, el ya nombrado Decreto 825 que apunta hacia la masificación de Internet.

Para algunos podría resultar contradictorio que, al tiempo que se ponen en marcha programas para la ampliación del acceso a la red, se pretenda controlar lo que por allí circula. Ello tiene una explicación sencilla: se confunde la plataforma con los servicios.

Internet
es un conjunto descentralizado de redes de computadoras interconectadas que, a través de un protocolo informático de interconexión, funciona a escala mundial. Sobre esta, llamémosla plataforma, corren o funcionan diversos servicios que van, desde redes de bibliotecas, buscadores, manejadores de correos, hasta medios de comunicación digital…o la mezcla o superposición de varios de éstos.

Vale decir: la misma plataforma que un ciudadano usa para pagar sus impuestos, tramitar el pasaporte, bajar documentos de una base de datos y capacitarse en línea, es la misma que utiliza para comunicarse con sus familiares lejanos, leer las noticias o activar en redes sociales como Facebook. o Twitter.

Que el Estado relance el proyecto Infocentro con el fin de promover la ampliación del acceso a Internet es un hecho que aplaudimos, sobre todo nos complace a quienes impulsamos la campaña Internet Prioritaria, con el fin de eliminar la calificación de suntuario al uso de Internet por parte de la administración pública, como establece el decreto 6499 de marzo del 2009. A la luz de las declaraciones del Presidente Chávez, ¿no resulta un absurdo?

Para finalizar queremos insistir en reconocer la importancia de relanzar el programa Infocentro. Lo que no nos parece conveniente es que se añada como coletilla que ello tiene como fin convertir la red en una “trinchera de lucha”. Al destacar
sólo uno de los múltiples usos que se le pueden dar a esta compleja plataforma (el Presidente anunció que crearía un blog para dar cuenta de sus actividades), se minimizan sus potencialidades y se pone en evidencia el desconocimiento de su principal caracteristica: la posibilidad de generar diálogo e interacción.
Si acaso la red puede considerarse una trinchera, lo es una de conocimiento y libertad.
Publicado en el Diario de Los Andes.

20 de marzo de 2010

Luces y sombras de la radio comunitaria

El maestro Luis Ignacio López Vigil , invitado por el Ministerio de Comunicacion e Información, ha participado en los procesos de formación de algunos hacedores de radio comunitaria en nuestro país. Hoy, de visita por otros asuntos en Venezuela, pasa revista a su desempeño y ofrece un balance en esta entrevista, realizada por el periodista Luis Carlos Díaz del Centro Gumilla, en la que también profundiza sobre su concepto de periodismo de intermediación social y aborda los retos de la radio en la era de Internet.


16 de febrero de 2010

En Internet cabemos tod@s


Muchos debates en estos días tocan el tema del uso de internet en Venezuela; nosotros queremos proponer algunos puntos para esa discusión. Nuestra premisa es que Internet es prioritaria para el desarrollo de Venezuela, tal como establece el Decreto 825. Pensamos que es necesario trabajar juntos para:

* Impulsar políticas públicas para promover el acceso universal, no discriminatorio y abierto a las tecnologías de información y comunicación en Venezuela.

* Promover programas para que tod@s l@s venezolan@s cuenten con las habilidades necesarias para usar Internet para el desarrollo social, económico, propio y de sus comunidades

* Ampliar las garantías al libre acceso a la información a través de internet.

* Fomentar condiciones que promuevan el ejercicio de la libertad de expresión en internet, en un marco de autoregulación basado en la diversidad de opiniones y de múltiples visiones de los hechos, que puedan ser evaluados libremente por los usuarios de estos medios, y por las comunidades que generan y difunden información.

* Reconocer que Internet permite al usuario generar visiones alternativas más allá de las impuestas por los grandes medios de comunicación (privados y gubernamentales) permitiéndole interactuar con diversas fuentes informativas, incluyendo relatos no mediatizados de testigos y protagonistas de los hechos.

* Abrir oportunidades para que todos l@s ciudanan@s puedan usar la web social como espacio para el diálogo plural y democrático, sin exclusiones partidistas y orientado al consenso sobre el bienestar público.

* Reivindicar la info-alfabetización como un derecho social, dado que el desarrollo de destrezas informáticas que le dan al ciudadano mayores posibilidades tanto para aprender autónomamente, como para colaborar en proyectos colaborativos o colectivos.

* Demandar los aportes del Estado y la contribución del sector privado para el desarrollo de infraestructura de red y ampliación del acceso a la conectividad para superar la brecha digital que aún persiste en Venezuela.

* Reconocer que Internet no es un lujo sino un recurso clave para el combate de la pobreza y el logro de los objetivos nacionales de desarrollo.

* Rescatar la plena vigencia del Decreto 825 y que su espíritu democratizador guíe la legislación futura sobre acceso y uso de internet en Venezuela.

Hoy, cifras oficiales indican que 7,9 millones de personas -30% de la población total del país- son usuarios de internet en Venezuela (CONATEL, Ago. 2009). Queremos un plan nacional concertado que conecte a los desconectados para eliminar la brecha digital por edades, por regiones y por niveles socio-económicos en esta década.

Todos Adentro

#todosenred

5 de febrero de 2010

¡Se acabaron los kleenex!

Usualmente, cuando se aproximan comicios electorales los llamados “no alineados”, esa amplia franja de la población no identificada con gobierno u oposición que va in crescendo, manifiestan su descontento por el menú de opciones que partidos o grupos de electores presentan a su consideración.


No pocas veces hemos escuchado frases como: el domingo aprovecho para hacer una parrillita o, en el “mejor” de los casos, voy a votar…pero con un pañuelo en la nariz. Tanto -pareciera ser- el desánimo y el descontento. Pero suceden cosas, algo parece estar cambiando. Quienes miran los toros desde la barrera, pero lo hacen con atención, comienzan a mostrar signos de hartazgo.


Las últimas protestas son prueba de ello. Interpretadas por algunos analistas como consecuencia de la salida de RCTV de las compañías operadoras de TV por suscripción, en nuestra opinión, más que obedecer a ello, la levantisca observada durante los últimos días ha prendido en la gente del común, sin distingo de afiliación política, pues ella ha operado como catalizadora del descontento de una población ahíta de soluciones a sus problemas. Hablamos de seguridad ciudadana, servicios públicos (como luz, agua y transporte) e inflación, entre los más sentidos.


Porque los ciudadanos ¿es tan difícil entenderlo? anhelamos una eficiente gestión pública, un clima de paz y sana gobernabilidad. Y ello pasa por la superación de una forma de ejercicio político que ha fracasado en la satisfacción de las aspiraciones de las mayorías. Ello, obviamente, está directamente en relación con aquellos a quienes elegimos para que gobiernen y nos representen.


¿Estamos ejerciendo nuestro derecho a elegir? ¿Sabemos quiénes son y a qué intereses responden nuestros representantes? ¿Nos han rendido cuentas nuestros gobernantes? Los ciudadanos también tenemos responsabilidades. Derechos, sí, pero también deberes. Entre ellos el de votar con conciencia de lo que significan nuestros actos y el de exigir a quienes pretenden ejercer cargos públicos una hoja de servicio intachable, un comportamiento cívico ejemplar, un proyecto y, por supuesto, que luego nos rindan cuentas de su actuación.


En relación con esto, y frente a las próximas elecciones parlamentarias pautadas para celebrarse el 26 de septiembre, privadamente, cara a cara, o en pequeños grupos de reflexión (reales y virtuales) ciudadanos de diferentes ocupaciones, intereses y tendencias políticas hemos estado conversando sobre la posibilidad de que el estado Trujillo pueda dar un salto cualitativo, en el sentido de postular como candidatos a personas con una excelente trayectoria de servicio público y comprometida con una agenda legislativa vinculada al sentir colectivo. Ojo: no se promueve la antipolítica, sino un forma cualitativamente diferente de ejercerla. En todo caso, interprétese como un llamado de atención a los partidos políticos. A todos, sin excepción.


Sin embargo, la sensación que no pocas veces nos ha embarga al término de nuestros diálogos puede resumirse con un: “estamos entrampados”, aludiendo con ello a que opciones dicotómicas se imponen y parecieran dejarnos sin escapatoria. “Es que no escuchan”, exclaman por ahí.


¿Cómo salir de esta trampa? Obviamente no hay respuesta al tiro, ni mágica ni fácil. Pero la poesía es sabia y, como decía nuestro gran poeta Rafael Cadenas: No se pueden buscar las salidas en el sitio de donde se pretende salir. Ello pareciera un buen punto de partida. Cabe entonces preguntarnos: ¿De qué estamos abjurando? ¿Qué es necesario tramsformar? ¿Habría alguien dispuesto a encarnar esa voluntad, a comprometerese con un verdadero cambio?


Los ciudadanos tenemos el derecho de exigir y escoger personas que nos representen con dignidad y que ejerzan con decoro la administración de la cosa pública. Es urgente urbanizar la política y creo no equivocarme al afirmar que cada vez somos más quienes no nos conformamos con el llamado "mal menor", que cada vez somos más quienes nos negamos a acudir a las urnas con un pañuelo en la nariz. A mí, lo digo sin reservas, se me acabó la cajita de kleenex.


Algunos dicen que en Trujillo, este pequeño, deprimido y olvidado estado andino, no estamos preparados para dar un salto cualitativo y probablemente sea cierto. Lo que me pregunto es si no somos nosotros, los ciudadanos, los responsables de impulsarlo, de trabajar por la construcción de una alternativa, de una referencia.


Publicado en el Diario de Los Andes

23 de enero de 2010

San Nicolás en enero...

Éramos ocho y parió la abuela, dice un adagio popular. En este caso, la abuela -disfrazada de San Nicolás- es el nuevo ocupante de uno de los dos apartamentos de la planta baja (PB) del edificio, una pequeña comunidad de viejos conocidos compuesta por apenas seis familias. En total, la edificación, una añosa construcción de tres pisos, ahíta de cariño y múltiples refacciones, alberga menos de 20 personas.

Los “ocho” eran las constantes contrariedades entre la señora del segundo piso y quien, fastidiado ya de tanta discordia, acaba de mudarse luego de una década de coexistencia poco pacífica en la que prevalecieron los reclamos entre dientes y las pequeñas mezquindades de ella, como la de orillar su único carro al extremo de que al otro no le cupieran dos; o las “vivezas” de él, como robarle a ella la señal del cable…

Así estábamos, acostumbrados a las constantes diatribas entre este par de co-propietarios, hasta que el vecino de marras consiguió quien repentinamente le comprara el apartamento a un precio extraordinario. Sin aviso alguno, el último sábado de noviembre le vimos emprender, más que una mudanza, una especie de huida veloz con tres camiones en simultáneo abarrotados con sus pertenencias.

- Es que el comprador me ha dicho que si no lo desocupo este fin de semana no firma el documento que ya ha introducido en el Registro para el próximo lunes, y no pienso perder este chance, me confió sin apartar los ojos de sus bártulos en mitad del estacionamiento.

-¿Y quiénes son los nuevos vecinos?, deslicé curiosa.
-Un tipo con muchos reales, fue su respuesta brevísima.

Justo tres días después llegaron los nuevos ocupantes del inmueble con una cuadrilla de obreros listos a desbaratar (nunca mejor empleada la palabra) el apartamento. Luego de casi dos meses seguidos en obras, durante los cuales hemos visto salir restos de muebles de cocina, piezas sanitarias, lámparas, cortinas, cerámicas de paredes y pisos y pare usted de contar, la vecina del 2A nos hace entrega de una carta en la cual los nuevos dueños piden una reunión de condominio para notificarnos su deseo de obsequiar a la comunidad unos cuantos regalos, como la pintura de los portones del estacionamiento, las lámparas de los pasillos…y hacernos una solicitud: que les cedamos la única área verde del edificio para ampliar su apartamento.

A la reunión asistimos prestos y la vecina del 0A tomó la palabra para decir, en nombre del resto de los copropietarios, que aceptábamos y agradecíamos los regalos, pero que no estábamos de acuerdo en cambiar el uso del patio. A San Nicolás se le desvaneció el disfraz y el rojo quedó reservado para el tono con el que comenzó a hablar. Tan alto y grosero que provocó el indignado retiro de la vecina del 1-A.

Justo en eso estábamos, despidiéndola, cuando llegó nuestro anterior vecino, el vendedor del inmueble, con sus abogados y un cheque del Banco Canarias que aún no ha podido cobrar. ¡Menos mal que en ese instante se fue la luz!