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14 de octubre de 2020
28 de agosto de 2019
Los 41 años del DLA: que arranque la fiesta
En días pasados una
amiga holandesa me comentó que estaba aprendiendo español.
-Me están costando
mucho los verbos en pasado, me confesó bastante apenada.
Bromeando, le dije:
mejor empéñate en aprender los tiempos en futuro, que el pasado ya pasó.
Así que yo también,
frente a la reflexión acerca de lo que ha significado el Diario de Los Andes
para Trujillo, opto por hacer un ejercicio de imaginación acerca de lo que
podría significar este periódico para la región andina, atado a su ya larga
tradición.
Esta casa fue fundada
con el compromiso de animar conversaciones creativas entre sus habitantes para
dar forma al Trujillo posible. Y estoy segura de que el DLA ha tenido claro que
el cumplimiento de esa honrosa misión es imposible sin inclusión y sin
democracia.
Me consta que durante
su trayectoria el DLA no se ha hecho el sordo, aunque no siempre le haya
gustado lo que escucha, o no haya creído en la honestidad o la buena fe de
quienes hablan a través de sus páginas. Ha crecido acogiendo a muchos y a las
voces de muchos también.
En un momento doloroso de su historia fuimos testigos
de mucha mezquindad hacia esta casa y, sin embargo, de su parte no conocimos gestos
de acritud, sino más bien de nobleza hacia quienes la traicionaron.
Creo que esa
característica suya, bastante extraña en el panorama de medios del país, es la que
le garantiza una playa ancha, serena y limpia, en el futuro. Pero tiene que
aprender nuevas lenguas.
Los tiempos corren
cada vez más rápido y si bien, como dicen nuestros mayores, de la prisa no
queda sino el cansancio, tampoco es hora de “echar el carro”. Como industriosos
andinos, quienes habitan esta casa tienen que acomodarse al ritmo frenético de
los cambios y apostar con fuerza a lo digital, pero no como muleta, pensando en
que tal ortopedia será pronto innecesaria. Por el contrario.
Cualquier apuesta ahora
demanda apertura, escucha, riesgo, confianza, rigurosidad, celo, inversiones,
alianzas. Innovación pura y dura. Porque sobrevivirán los que hayan sabido otear
en medio de la borrasca. ¡Y vaya borrasca la que atravesamos! No solo la que ha
traído la transformación del ecosistema de medios, sino la local, la nacional,
la propia. Esa que atenaza, golpea y parece no darnos tregua.
En esta casa, de esta
casa, aprendí mucho. Por eso siempre soñé con que se convirtiera en una
escuela. No en una gran referencia, sino en una enorme, como una escuela-faro. Hemos
sido estudiantes en ella, profesores en ella. A muchos de los periodistas que
hemos pasado por aquí nos consta el oído fino de quien marca el compás de lo
que aquí se baila.
Si, como dicen, la
vida empieza a los 40, vamos tarde. Es hora de que arranque la fiesta.
Etiquetas:
comunicación digital,
medios,
Periodismo,
Trujillo,
Venezuela
19 de enero de 2019
#LeyCiberespacio: Ser o no ser
El 14 de enero, William Peña, periodista venezolano de larga
y consistente trayectoria en la fuente de tecnología, encendió las alarmas. La
Asamblea Nacional Constituyente (ANC) estaría por aprobar una ley que vulneraría
(aún más) los derechos humanos de los venezolanos al poner bajo control del
Estado (lo cual en Venezuela quiere decir una facción política sin contrapesos
institucionales) los contenidos que circulan por Internet.
De inmediato un grupo de periodistas, investigadores, activistas
y defensores de la libertad de expresión e información nos dimos a la tarea,
con el invaluable apoyo de organizaciones de larga trayectoria, como Access Now
y Derechos Digitales, de analizar el texto para fijar posición sobre lo que se
planteaba.
Para los expertos, el articulado no resistía una mirada
desde la perspectiva de la salvaguarda de los derechos humanos. Los argumentos técnico-legales
fluyeron de seguidas, consistentes y con precisión. Total, no estamos solos,
los venezolanos, en esto de enfrentar la oleada totalitaria que intenta minar
las libertades en la red. Ya hay roncha. Hasta ahora, el documento ha sido
suscrito por cerca de 50 organizaciones, tanto nacionales como internacionales.
Otros asuntos, sin embargo, ocuparon la discusión. ¿Qué tono
dar al documento? ¿Se parte de minimizar la intentona (que eso es, por ahora…)
por provenir de un ente -la ANC- que la mayoría de los venezolanos y de la
comunidad internacional no reconoce? ¿Pero es que acaso ésta no ha sancionado
ya una ley, como la llamada “Ley Contra el Odio”, que se ha aplicado para
amedrentar a la disidencia política?
Cuestionar la ley, para algunos adherentes, podría
significar el reconocer la ANC. ¿Y qué hacemos? ¿No la reconocemos y, por lo
tanto, callamos? El consenso nos llevó a redactar este párrafo que-creemos-
resulta lo suficientemente claro:
“Por todo lo expuesto,
nos oponemos a la aprobación de este proyecto. La legitimidad de la Asamblea
Nacional Constituyente ha sido puesta en duda por instituciones venezolanas e
internacionales. Las leyes que regulen el uso de tecnologías de información y
comunicación deberían ser promulgadas por instituciones ampliamente reconocidas
para mantener la confianza en el ecosistema de internet y mediante
procedimientos democráticos y participativos, cumpliendo estrictamente con
estándares de derechos humanos”.
¿Que el párrafo debió ir al principio...? Para algunos
gustos, quizás. Pero allí está. Lo medular reluce: nos oponemos a la ANC y a todo
cuanto de ella emane por carecer de legitimidad. Y esta ley, de aprobarse, lo
será. Por lo demás, incluso en el seno de una instancia legítima, aspiramos a que cualquier ley que tenga como propósito regular el ámbito digital se elabore con el concurso de todos los sectores implicados. Vamos avisando.
El otro punto que generó debate fue: En el contexto de
crecientes restricciones, ¿qué destacar como acciones dirigidas a controlar la
libertad de expresión y el acceso a la información en Internet? ¿Sólo las
legales? ¿O incluimos bloqueos, detenciones arbitrarias a usuarios de redes
sociales, acoso en línea, ataques técnicos…? Las cuentas de este rosario son
pródigas en Venezuela, pero el ordenamiento jurídico, sin duda, tiene un gran
peso por las vías que abre para la apelación y la justicia. Al menos en países democráticos. Que no es nuestro caso, lo sabemos.
Este aspecto, el legal, nos lleva a otro no menos importante,
vital. ¿Confiamos en esta filtración? De una, quienes conocemos a William Peña,
y su trayectoria dentro de Inside Telecom,
asentimos. Confiamos y recordamos la filtración que los periodistas de ese
medio hicieron del texto propuesto para reformar la ley de telecomunicaciones en el año 2008, dirigida a establecer, entre otras cosas, un punto único de acceso
a Internet en manos del Estado (amén de la reforma del artículo 5to para
revertir el carácter de interés general de las telecomunicaciones).
En el 2008, gracias a la presión ciudadana, el “borrador de
ley” que la ministra tuvo que reconocer que existía, no pasó. Esperaron dos
años, pero lo hicieron. Y ese cambio, al menos en mi opinión, le puso una
lápida muy pesada (aunque no la única) a las telecomunicaciones.
Conclusión: No hay que bajar la guardia. Y no la bajamos.
Etiquetas:
ciberespacio,
democracia,
Derechos Humanos,
Internet Prioritaria,
Leyes,
Venezuela
1 de diciembre de 2018
¿Comunicación alternativa en la era digital?
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Luis Botello, del ICFJ, y los
panelistas: Camila Adames, Carlos Serrano, Lourdes Arróliga y Grisha Vera
|
Nunca una idea, como la de hurgar en los preceptos de la comunicación alternativa, me pareció más ajustada para el
desafío que enfrenta el periodismo en esta época.
En un reciente foro sobre La desinformación en la era digital, un asunto
que por su gravedad ocupa cada vez más espacios de discusión, uno de los panelistas, el periodista
colombiano Carlos Serrano, quien trabaja desde Miami para el servicio público
de radio y televisión del Reino Unido (BBC), sugirió que una manera de conjurar
la desinformación era “acercarse a las audiencias”.
En ese momento pensé en las
experiencias que han surgido en Venezuela como consecuencia de la política de
hegemonía comunicacional impuesta por el gobierno. Me refiero a los
casos de ElBusTV y, muy especialmente, al programa de formación de
infociudadanos de El Pitazo.
El BusTV, que ganó una nominación
en la categoría de innovación del Premio Gabriel García Márquez de este año,
busca directamente a las audiencias en los autobuses de Caracas donde se mueve
una población que, no es difícil deducir, difícilmente puede acceder a medios
independientes por Internet en un país cuya conectividad decrece a diario.
El programa de infociudadanos de
El Pitazo, un portal digital de noticias que ha sido bloqueado por el gobierno para
los usuarios de Venezuela, busca formar competencias ciudadanas para la búsqueda, el tratamiento y la difusión de noticias de y en las comunidades más vulnerables, así
como para verificar la información
que circula en redes sociales.
En el año 2014, justamente cuando
Venezuela acabada de padecer la primera gran y fuerte ola represiva del gobierno de Nicolás
Maduro, gracias a la invitación del
profesor Marcelino Bisbal, coordinador de los Postgrados en Comunicación Social
de la UCAB, compartí con un grupo de colegas algunas ideas en torno a la
recomposición del periodismo.
Me referí allí a varios asuntos,
pero el que me sirve hoy para argumentar lo que vengo hilando, es este: Cuando se habla de innovación periodística, con
uso o por efecto de las TIC, quisiera pensar que se trata de otras apuestas que
impliquen más escucha ciudadana.
En aquel momento no existían ni El
Pitazo ni El BusTV, por mencionar apenas dos de los medios que nacieron al calor de la
censura que se impuso en dos períodos represivos clave (2014 y 2017),
posteriores e la elección del presidente Nicolás Maduro. Otro ejemplo en esa búsqueda es Efecto Cocuyo, con su iniciativa "Encuentros Cocuyos" para dialogar con las audiencias.
El territorio periodístico estaba vacío.
El gobierno lo había secado a través del cierre y la compra de medios, las restricciones para la compra de papel periódico, la extorsión fiscal y múltiples presiones sobre las líneas editoriales. Pero los periodistas estaban llenos. Llenos del compromiso con dos
de los valores supremos del periodismo: la verdad y el servicio público.
La crisis venezolana ha sacado lo mejor de
nuestro gremio convirtiendo a estos colegas, no solo en emprendedores de medios,
sino en una muralla para la defensa de la democracia.
Cuando los periodistas auscultan con oído fino a la
sociedad sacan de ella su savia. Y en ese trabajo, si
es genuino, se transforman. Dejan de ser canal y abren paso a otras
voces.
¿No es ese el corazón de la comunicación comunitaria, alternativa?
Volver la mirada a experiencias de comunicación comunitaria que marcaron una época en Latinoamérica, hurgar en sus pliegues, ricos en aprendizajes,
podría ayudarnos ahora a navegar con éxito en las promisorias, pero también
oscuras y turbulentas aguas de la digitalización. Y no solo en Venezuela.
Las posibilidades que nos ofrecen hoy las
tecnologías (manejo de grandes volúmenes de datos, economía de recursos y difusión
global de los mensajes, entre otras) no deberían obnubilarnos y dejar fuera lo
esencial. Todas esas potencialidades, por el contrario, deberían ponerse al
servicio de los ciudadanos. Ya estamos viendo que es posible.
¿Comunicación alternativa en la era digital? ¡Pues sí!
Etiquetas:
comunicación alternativa,
Internet,
periodismo digital,
Venezuela
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