31 de marzo de 2011

#GenteEnRed: una opinión desde el país invisible

A raíz de los sucesos de Medio Oriente, una pregunta circula insistentemente entre investigadores, políticos y activistas: ¿Estimulan las tecnologías de información y comunicación (TIC), la Internet y las redes sociales la participación política?

En nuestra opinión, la respuesta pasa por el rastreo de discusiones pasadas, sostenidas al calor del surgimiento y auge de Internet (la 1.0) en el seno de las llamadas comunidades virtuales que no otra cosa, aunque más complejas, son las estructuras hoy definidas como redes sociales.

Nos referimos a una abundante cantidad de estudios, documentales y empíricos, desarrollados por centros de investigación, ONG y organismos internacionales que, cobijados bajo el rótulo de ICT4D (TIC para el Desarrollo) o el de Community Informatics (Informática Comunitaria) tenían, entre otros propósitos, establecer correlaciones entre el uso de las TIC y su impacto en el desarrollo humano, social o comunitario.

Una revisión a fondo de estos informes, que abarcan más de una década, resulta una tarea difícil y abrumadora, pero buceando entre ellos se desprende que una pregunta como la formulada al principio pasa, en primer lugar, por considerar la existencia de una tríada indisoluble: acceso, participación e incidencia. Porque una cosa es el acceso a las TIC, otra su uso y, una más, su apropiación, vale decir, su utilización estratégica, como sería la creación y/o utilización de redes sociales con fines de incidencia política.

En Venezuela, aunque según las estadísticas el acceso a Internet (plataforma en la que anidan estas redes) se ha ampliado, los estudios señalan que su uso se asocia mayoritariamente con lo lúdico, con el entretenimiento. Es decir, se accede a los recursos, se participa en ciertos espacios de forma activa, pero no siempre en el sentido político del término. Puede haber más acceso, más uso, pero no, necesariamente, una mayor incidencia en el ámbito político. Viéndolo de otra forma, supone afirmar una obviedad: también puede haber participación e incidencia política, al margen del acceso a las TIC.

Existe, sin embargo, una creciente porción de ciudadanos -los llamados infociudadanos- interesados en participar en los asuntos públicos y esto se hace bastante evidente en este tipo de redes sociales. Pero una cosa es participar y otra, muy distinta, incidir. La participación que nace en esta suerte de ciberesfera pública puede generar incidencia cuando las redes presenciales y virtuales se combinan recíprocamente. Son las llamadas blended networking, o redes que combinan ambas facetas, pero que esa sinapsis se produzca depende de asuntos de fondo, del contexto y de la tecnología, no solo de esta última.

Lo que vimos en Medio Oriente, como lo describió Manuel Castells, fueron “revueltas cogeneradas sin estrategia central” que multiplicaron a lo interno las protestas y, paralelamente, le dieron alta visibilidad más allá del Norte africano. Eso tiene un indudable valor, como ya vimos, pero quizás no sea el más importante, el de más largo plazo, como el que concibe el uso de las TIC atado al concepto de participación y construcción ciudadana.

En Venezuela, lamentablemente, pocos actores políticos reconocen la centralidad de este asunto. Aunque hay señales positivas, como las iniciativas realizadas en Caracas bajo el auspicio de @chacaodigital, la gran mayoría aún no lo percibe así, a pesar de la importancia que le ha otorgado el mismo Jefe del Estado. No queremos decir que el Presidente advierta el potencial de las redes, y de canales de información como Twitter, por ejemplo, de la manera en que nosotros lo aspiraríamos, pero ha puesto el asunto sobre el tapete y ello, sin duda, es positivo.

Hoy cualquier proyecto político pasa por la búsqueda de esa articulación realidad-virtualidad. Se trata de encontrar el equilibrio entre ambas dimensiones y de saber aprovechar las ventajas que tiene cada una. Pero lograrlo no es sencillo. Se requiere un profesional formado (no sólo con experticia técnica), motivado y con capacidades para buscar información, para discriminarla, contextualizarla, otorgarle sentido, generar conocimiento y aplicarlo en áreas específicas. Cimentar ese bagaje teórico-práctico requiere tiempo y dedicación.

En Venezuela, los medios digitales, especialmente los blogs, Facebook y Twitter, se han venido convirtiendo en un espacio de difusión y deliberación de asuntos políticos y sociales, expresión de un conglomerado políticamente muy variopinto en el cual es posible advertir gradaciones, más allá del blanco y del negro (aunque los incluye) al que pretenden confinar a los ciudadanos los extremos en confrontación. De manera tibia, en algunas ocasiones circunscritas al mismo ámbito comunicacional, este conjunto ha revelado su potencial. ¿Estará preparado para dar otro paso? ¿Serán nuestros políticos capaces de advertir ese momento? Y, para finalizar, ¿No representa este grupo una apetecible porción de los codiciados NiNi?

Publicado en Código Venezuela

24 de marzo de 2011

Periodismo digital en Venezuela:
SOS desde la Universidad

La próxima semana culmina el cuarto año de la carrera de comunicación social de la Universidad de Los Andes en Trujillo y, con éste, el primer año en que se imparte la cátedra Periodismo digital con cuyo dictado colaboramos, pues nos interesaba examinar un supuesto de nuestra investigación doctoral dirigida a examinar algunos de los cambios que ocurren en la Sociedad de la Información.
Esta experiencia nos permitió corroborar ciertos supuestos planteados en nuestra indagación y fortalecer otros. Entre los más importantes: la urgencia que tienen las escuelas de comunicación social de reformular sus planes de estudio de cara a las innovaciones tecnológicas que influyen en el ejercicio profesional.
Es indudable que sigue haciendo falta una formación de corte humanístico, profundamente reflexiva, con base en lo mejor del oficio, pero ésta debe estar acompañada de un intensivo quehacer práctico. En la Sociedad de la Información resulta un despropósito formar un profesional para la comunicación social sin que éste tenga la posibilidad de hacer una inmersión activa en el nuevo ecosistema mediático hipertecnologizado.
El reto para la universidad venezolana no es menor. Catorce imparten la carrera. De éstas, sólo 4 son públicas: las del Zulia (LUZ), los Andes (ULA), Central (UCV) y Bolivariana (UBV). Únicamente LUZ (desde 1995) y la ULA (desde 2003) cuentan con una materia obligatoria dirigida a preparar a los estudiantes en estos asuntos. La UCV la incluyó en el año 2005, pero como electiva. De las diez privadas, apenas tres, la Católica Andrés Bello, la Fermín Toro y la Rafael Belloso Chacín, la han introducido en sus planes de estudio.
En el caso de las públicas es necesario subrayar que la materia se dicta en espacios inadecuados. Salas de redacción con equipos obsoletos y, lo más grave, con serios problemas de conexión, situación que tiende a empeorar debido a la progresiva disminución del presupuesto otorgado por el Estado y la promulgación de decretos como el 6649 (marzo 2009) que considera el servicio y uso de Internet como gasto suntuario o superfluo para este sector.
Coincidimos con Rosa Virginia Fagúndez, profesora en la UCV, cuando en la tesis de grado de Ingrid Valero Periodismo Digital: El perfil del periodista digital en los medios venezolanos, de la cual fue tutora, sostiene que “en las escuelas debe crearse un departamento que transversalice todos los campos de la comunicación social a su propio entorno, desde el periodismo ciudadano, pasando por el discurso digital, los medios audiovisuales, la publicidad, la foto e infografía digital, el diseño gráfico, e incluso un nuevo programa informático que ofrezca posibilidades de diagramación gracias al enorme abanico de opciones digitales (video, podcasts, animación, publicidad interactiva, radio y TV digital) con que se cuenta actualmente”.
Si algo distingue a la sociedad del Siglo XXI es la centralidad que ocupan las tecnologías de información y comunicación. No en balde se le llama de la información, de la comunicación, del conocimiento, sociedad-red e, incluso, cibersociedad. Para decirlo con palabras de Perogrullo: El Estado no puede desconocer esta realidad y los centros de educación superior que egresan comunicadores deben ajustarse a ella.
Con el postgrado en medios digitales, la ULA ha dado un paso importante para cualificar la formación de sus egresados y satisfacer las demandas de un campo laboral en franca mutación, pero en el pregrado los cambios suelen llegar con excesivo y peligroso retardo.
Como afirma Esther Vargas, ningún dispositivo (o habilidad técnica, agregaríamos nosotros) nos transformará en mejores periodistas, pero es indiscutible que, como advierte Mario Tascón, el periodismo de este siglo demanda más máquinas. En este libro Reflexiones sobre Periodismo, lo que dejó 2010 y lo que se viene en 2011 quedan abiertos ese y otros debates.
Innovación técnica, sí, pero también sólidos fundamentos éticos y sensibilidad estética. Más equipamiento, sí, pero también más y mejor conexión social, nuevas narrativas, equipos multidisciplinarios, globalización de la información local, localización de la información global, nuevos modelos de negocio… Este año, en los rostros de los jóvenes que pasaron por nuestras (j) aulas, ratificamos la certeza acerca del enorme tamaño de ese desafío. 

17 de marzo de 2011

¿Preguntas a Conatel?

Hace algunos años comenzamos a observar con atención el desempeño de las radios comunitarias a partir de la percepción de que éstas, a contravía de su larga tradición, en vez de ser iniciativas dirigidas a democratizar las comunicaciones le estaban abonando a la polarización política. En ese entonces, nos referimos al año 2007, aunque advertíamos rasgos preocupantes, indicábamos que se necesitaban estudios más profundos, diagnósticos exhaustivos que dieran mejor cuenta de la situación.

Ya han comenzado a producirse. Dos investigaciones muy recientes, realizadas por estudiantes de la maestría en Ciencias de la Comunicación de la Universidad del Zulia, ofrecen un panorama bastante completo, pues se complementan regional y temáticamente. La primera de ellas corresponde a Camilo Mora, quien analizó la participación ciudadana en la gestión de las radios comunitarias del estado Táchira; y la segunda, que examinó la situación legal de las radios comunitarias del municipio Maracaibo del estado Zulia, a un equipo encabezado por Nerio Abreu.

Los hallazgos de ambos estudios exponen con contundencia las irregularidades en las que incurren buena parte de estas emisoras. El focalizado en Maracaibo, que explora los aspectos legales, arroja como resultado que de las 32 emisoras que es posible sintonizar, apenas 6 cuentan con la habilitación de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel). El del estado Táchira, por su lado, revela que existen 11 emisoras autorizadas, pero 21 más con solicitudes en espera desde hace varios años.

Uno de los asuntos más relevantes de estas pesquisas emerge del análisis de su programación. Mientras que en las del municipio Maracaibo despunta su cariz comercial, en las de Táchira sobresale su mayoritaria adhesión al gobierno. No es que las estudiadas en Maracaibo carezcan de ese sesgo, pero no es lo predominante, de acuerdo con lo que exponen sus autores en un artículo que, por cierto, fue favorablemente comentado el domingo pasado en el Editorial del diario Últimas Noticias.

El estudio de Mora, aún inédito, descubre en las emisoras del estado Táchira “la inobservancia del Reglamento de Radiodifusión Sonora y Televisión Abierta Comunitaria de Servicio Público Sin Fines de Lucro”, lo cual se manifiesta “en considerables programas de opinión conducidos por autoridades civiles, como alcaldes o concejales, que más allá de expresarse de forma institucional, frecuentemente lo hacen como activadores político-partidistas”. Igualmente agrega: “pocos medios poseen una programación que rescate el acervo cultural y espiritual de las comunidades (…) la mayor parte de la programación está destinada al entretenimiento”.

Ambos trabajos coinciden al señalar irregularidades y ambos apelan a la urgente intervención del ente regulador. Recomienda el de Abreu: "Resulta indispensable que el Estado venezolano, a través de Conatel, investigue plenamente las actividades que realizan las llamadas emisoras comunitarias. Solo mediante la aplicación de las leyes se podrá conseguir que lo que surgió como una alternativa al monopolio de los medios tradicionales no se convierta en espacios para la realización de las mismas prácticas de las radios comerciales". Y así el de Mora: “Consideramos que Conatel debe ser más celosa en el cumplimiento de la ley”. Lo que nosotros nos hemos venido preguntando desde el año 2007 es: ¿Qué ente, quién, quiénes, debe (n) velar por el cumplimiento de las disposiciones legales?

La Ley Orgánica de Telecomunicaciones (Lotel) del año 2000 dispuso en su artículo 34 que Conatel estuviera adscrita al Ministerio de Infraestructura, pero con el transcurrir del tiempo, y de forma discrecional, ésta fue migrando por varios despachos hasta quedar bajo el mandato de la Vicepresidencia de la República. Aunque la reforma hecha en diciembre pasado no aclara el asunto de su adscripción, más bien aparece como un galimatías, el artículo 40 se mantuvo intacto: en él se establece que su Consejo Directivo estará formado por el director y cuatro miembros, con sus respectivos suplentes, de libre nombramiento y remoción por parte del Jefe del Estado.

Dada la importancia de los asuntos bajo su competencia, con la finalidad de garantizar su equidad e independencia, en otras latitudes el organismo regulador de las telecomunicaciones está integrado por diversos sectores: organismos del Estado, representantes de la empresa privada, de las academias y voceros comunitarios, entre otros. El espíritu que priva es que, en medio de una dinámica plural, no se imponga el interés de un sector por sobre los otros y prevalezca el equilibrio.

Las investigaciones de campo demuestran que las radios comunitarias no están cumpliendo con el papel que la Ley y su extensa y sólida tradición les asigna. En la nota editorial de Últimas Noticias, firmada por Eleazar Díaz Rangel, se formulan varias preguntas, todas muy interesantes y pertinentes, pero por lo que hemos venido coligiendo (se titula Preguntas a Conatel) el destinatario no parece ser el más adecuado. ¿De quien -y de qué- depende que las radios comunitarias marquen una diferencia?

Publicado en Código Venezuela

10 de marzo de 2011

Periodismo y hospitalidad

El término hospitalidad pareciera haberse puesto de moda. En el lenguaje “de andar por casa”, como califica a la lengua de uso diario la lingüista Margarita Arribas, decimos que una persona es hospitalaria cuando acoge con amabilidad y generosidad a los invitados. Cuando estamos frente a alguien distinguido con ese comportamiento, decimos que es un excelente anfitrión o afitriona.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, del latín hospitalitas, la hospitalidad es la “virtud que se ejercita con peregrinos, menesterosos y desvalidos, recogiéndolos y prestándoles la debida asistencia en sus necesidades”. A su vez del griego filoxenia (derivado de “filos”, que es amigo, y “xenos”, que es extranjero), ser hospitalario es ser amigo de los extranjeros; todo lo contrario de ser xenófobo, que es sentir rechazo hacia éstos.

Diversos autores y disciplinas han abordado el tema de la hospitalidad. Entre ellos los filósofos adscritos a la corriente hermenéutica, como el alemán H-G. Gadamer quien, según estudiosos de su obra como Aníbal Rodríguez Silva, fue el fundador de la hermenéutica hospitalaria, aquella que parte del principio de que “es el otro quien tiene la razón”.

¿En qué consistiría, entonces, un periodismo de corte hospitalario? En la tesis desarrollada por el investigador Lokman Tsui (doctorado en Comunicación por la Universidad de Pennsylvania el año pasado) y justamente titulada Un periodismo hospitalario, se analizan los cambios institucionales del periodismo en un mundo globalizado y se responde a esta pregunta a través de un estudio comparativo entre algunos medios que han migrado al entorno digital (en proceso de adaptación, les llama) y otros emergentes calificados de "transformativos", como Indymedia y Global Voices, iniciativas que buscan ampliar la conversación global y arrojar luz sobre hechos desde perspectivas que otros medios tienden a ignorar.

En la tesis de Tsui se parte del principio de que la hospitalidad consiste, de acuerdo con Roger Silverstone, quien la incorporó a los estudios de la comunicación, en "la obligación ética de escuchar." Según el académico inglés, los medios de comunicación son instituciones de representación, y como tal, tienen la obligación de ser hospitalarios.

Estamos en medio de una época que se caracteriza, entre otras cosas, por el surgimiento de una enorme cantidad de nuevas voces públicas gracias a las facilidades que provee la Internet. En estos tiempos, afirma Tsui, entender al periodismo a través de la lente de la hospitalidad presenta no sólo una oportunidad, sino un desafío radical, pues en un mundo donde todos pueden hablar ¿quién escucha? Se recomienda, como colofón de esta disertación, que el periodismo se convierta en una institución donde la escucha, la conversación y la hospitalidad constituyan los valores centrales.

En esta dirección, los periodistas no sólo tienen el derecho de escribir (o emitir), sino -principalmente- el deber de escuchar. En medio del ruido, la función de los medios no radica sólo en la representación, sino en ejercer un cierto grado de moderación y guía. Ello pasa, claro está, porque los periodistas entendamos nuestra profesión como los hermeneutas, vale decir, que partamos del convencimiento -nada sencillo- de que no estamos en posesión de la última palabra. No sólo en una sociedad globalizada, sino como la nuestra, también polarizada, es un desafío de los mayores.

Publicado en Código Venezuela y Diario de Los Andes